Mi abuelo
Hace más de cinco años empecé este blog y las dos primeras palabras de mi primer post son “Mi abuelo”. Él me bautizó como Emigrante sin destino y era el mejor título que le podía poner a mi bitácora de viajes.
En este blog mi abuelo ha salido en algunas ocasiones como en el post de Jordania donde pongo a pie de foto: “Menos mal que para mi abuelo soy la mejor, porque realmente somos insignificantes en este mundo”. También hablando de las vacaciones para anunciar mis vacaciones en Japón donde digo que de pequeña jugaba las tardes de verano al parchís con mi abuelo.
O en un post sobre San Jordi donde al final de todo está una historia corta que escribí dedicada a mi abuelo.
Realmente nunca he hablado aquí de mi abuelo, sólo ha estado presente explicando cosas de mi vida. Supongo que no había hablado de mi abuelo porque no he explicado cosas de mi vida privada o familiar, pero si me conoces en persona, sólo un poquito, sabes quien es mi abuelo. Mis amigos al conocerlo le dicen: “He oído mucho hablar de usted”.
Mi abuelo es ese tipo de persona al que escuchas horas hablar de sus historias y nunca te cansas. Supongo que la pasión con la que las explica, ya que parece que lo vuelva a vivir, es lo que te hipnotiza. Conozco miles de historias suyas, de su niñez en las playas de Barcelona, ya que nació allí y era hijo de pescador. Así que se pasó toda su niñez y juventud, entre la playa y la mar (para los pescadores, el mar es femenino: “la mar”). Mi abuelo me pasó su amor por la mar y de pequeña todo lo que hacía de manualidades era para él. Un cenicero en forma de pez hecho en barro. Un cuadro de un pescador que cosí a medio punto para él. El único premio que he ganado en mi vida, en contra de todo pronóstico porque a mi la gramática y la ortografía nunca se me han dado bien, fue un premio en los Juegos Florales del colegio por un poema dedicado a mi abuelo.
Mi abuelo nunca ha leído este blog, pero siempre le han explicado mi madre y mi tía lo que escribía cuando vivía fuera. Al volver siempre me encontraba su casa forrada con las fotos impresas que le sacaban del blog para que me viera. De hecho este blog para él ha sido doloroso porque nunca ha entendido bien porque siempre he querido irme fuera. Yo le he explicado muchas veces que tenía dos pasiones: viajar y él. Siempre he sentido que viajar me separara de él. Pero Internet me dio la oportunidad de llamarlo cada 3 días. Menos en el tiempo que estuve en el barco, siempre he mantenido la comunicación con él. Nunca ha entendido como lo puedo llamar gratis desde la otra punta del mundo, si él paga cada mes el teléfono
. “Nena cuelga que esto te sale caro” es su frase.
Cuando me dijeron en Alemania que había un puesto para BOSCH en Tokyo, sólo lo dude por mis abuelos. ¿Y si les pasaba algo y yo estaba tan lejos? Mi madre me dijo: “Beatriz, ellos ya han hecho su vida, ahora te toca hacer a ti la tuya”. Decidí irme, pero aun así no les dije a mis abuelos que me iba hasta que volví a casa por Navidad, aunque sabía que me iba desde septiembre. Y recuerdo cuanto me costó decirles que en un año no me iban a ver. Por eso mi abuelo me bautizó como “Emigrante sin destino”.
Mi abuelo siempre ha tenido una vida sencilla, sólo ha viajado dentro de España, Andorra, Francia y Portugal. Con lo cual para él, irme a Japón era irme a otro planeta. Que lo era!
El día que me fui a Japón le di un paquete a mi madre para que se lo diera a mi abuelo aquella tarde, cuando yo estuviera en el avión con destino a Tokyo. Le regalé una bola del mundo pequeña, del tamaño de una naranja. Le escribí una carta diciéndole que esa bola cabía entre sus manos y que el mundo es tan grande o tan pequeño como uno quiera. Y también le di mi reloj de cuerda puesto en la hora de Japón, para que supiera siempre en que hora vivía. Le puse la tarea de darle cuerda al reloj para que no se parara. Lo tenía que mantener en hora hasta mi vuelta, lo hizo.
Mi abuelo es de esas personas entrañables a las que les coges cariño enseguida. Lo define muy bien la frase de Teresa de Calcuta: “No dejes que nadie venga a ti y se vaya sin ser mas feliz”.
La relación entre mi abuelo y yo siempre ha sido algo especial. Yo siento pasión por mi abuelo y él me adora. Siempre he sido su ojito derecho. Cuando me iba y lo llamaba me decía que el sol ya no salía en Barcelona. Nunca le ha gustado que le presentara a novios, los bautizaba como: “el ladrón de bellezas” o “el que viene a robarme a mi nieta”.
Mi abuelo tiene su propia pasión, su novia. Siempre se refiere a mi abuela como “mi novia”. Sigue enamorado después de 60 años de matrimonio, más 11 de novios. Mi abuela lleva 7 años con alzheimer y su cuerpo ha ido dejando de funcionar. Hace un año y medio tuvo una crisis fuerte y mi abuelo no podía superar que mi abuela se fuera. Sobrevivió a la crisis, pero está en un hospital desde entonces y se va consumiendo poco a poco. Los médicos dicen que es una vela que se va a apagando poco a poco. Yo pienso que es un cirio, porque mi abuela debe estar hecha de otra materia para aguantar tanto. Mi abuelo ha ido cada tarde a verla mientras ha podido. ¿Habéis visto la película argentina “El hijo de la novia”? Mi abuelo hace el papel de Héctor Alterio en la vida real.
Ahora su novia se ha quedado sola, aunque no lo sabe. Mi abuelo murió la semana pasada, el 5 de abril, a los 89 años. Se fue rápido después de que en septiembre le diagnosticaran leucemia. Tuvo que ir a vivir a casa de mis padres y he podido disfrutar de él todas las veces que he ido a Barcelona. Él me decía: esto se acaba. Pero estaba relativamente bien, le ponían sangre cada dos semanas y aguantaba. El domingo día 3 de abril, tuvo un fallo multiorgánico y los médicos nos dijeron que estaba muy débil. Aunque aguantó y el lunes por la tarde aun le hacía bromas a la enfermera. Pero esa noche se puso muy mal, se ahogaba y los médicos vieron que era el final, le pusieron paliativos para ahorrarle el sufrimiento. Mi madre me llamó a primera hora para decirme que se iba, así que me compré un billete de puente aéreo a Barcelona, pero no me dio tiempo ni a salir de casa, cuando mi madre me volvió a llamar para decirme que se había ido.
Mi abuelo odiaba los entierros y no creo que le hubiera gustado ver la cantidad de gente que vino al suyo. Él era un hombre sencillo y no quería dar guerra, pero era un hombre muy querido. Lo único que nos preguntaba de los entierros de familiares a los que él ya no iba era: ¿Su tumba mira al mar?
Mi abuelo descansa en el cementerio de Montjuïc en Barcelona, en una tumba en la ladera del monte que mira a su mar. Allí está esperando a su novia, para que vuelvan a estar juntos. Él mira la mar, porque así siempre que yo pueda mirarla, nos volveremos a encontrar.
A mi enterrarme sin duelo,
entre la playa y el cielo.
En la ladera de un monte,
más alto que el horizonte.
Quiero tener buena vista.
Mi cuerpo será el camino,
le daré verde a los pinos
y amarillo a la ginesta…
Cerca del mar. Porque yo
nací en el MEDITERRÁNEO…
(Joan Manel Serrat)

Mi abuelo y yo en la boda de mi hermana en mayo del 2003.
Esta foto la tenía mi abuelo puesta en su salón desde que me fui a Finlandia en septiembre del 2003.
Seguiré siendo una emigrante sin destino y mi abuelo siempre irá conmigo.












