Seychelles for ever
Último post sobre las islas paradisíacas de Seychelles. Omito las fotos de la ciudad de Victoria porque no tiene absolutamente nada de interés.





Si os fijáis en esta foto, la isla parece que esté cerca del lugar donde me encontraba. Y creo que lo estaba, pero el agua tiene tanta proporción de sal que dificulta nadar y te cansabas enseguida. Pero el lugar era para quedarte días enteros de relax.

Una flor de hibiscus. Una planta con la que me he manchado decenas de camisetas en mi niñez. Mi padre tiene varios hibiscus en el jardín que dejan su rastro de polen si te acercas a ella. Y yo de pequeña era un niña muuuuy tranquila…

Los habitantes de Seychelles que participaron en los intercambios vinieron a despedirnos. Esta foto muestra la escena de la espera hasta que el barco zarpó.
COMENTARIO: En mis posts anteriores sobre las islas Seychelles he explicado conceptos de la gente. Una cosa que me preguntaba es cómo la gente puede vivir en islas perdidas. Salir y entrar de Seychelles no es tan fácil como subirse en un avión low cost. Llevando una vida como la mía donde en este mes he estado en Galicia, Suiza y mañana vuelo a Madrid (y ninguna por trabajo), se me hace duro pensar en vivir en un lugar así. Sus habitantes en cambio están acostumbrados a eso, no se plantean vivir en otros lugares y en muchos casos no dejan la isla en ninguna ocasión.
En Suiza he conocido a un hombre inglés que ha estado en todo el mundo y ha vivido 5 años en Isla Mauricio. Ahora reside en Francia, porque al fin tiene el trabajo que siempre había soñado tener. Me comentaba que se muere de ganas de que acabe el contrato (del trabajo de su vida) y volverse a Mauricio donde podía ir a la playa a diario, hacer hiking y todos los deportes que adora.
Como en todo es cuestión de prioridades. Aunque este hombre tiene dinero para volar fuera de Mauricio siempre que quiera. Es diferente a un nativo que no puede salir.


La noticia sale en el 





Hablar de Chiaki Hayakawa es hablar de una mujer que rompió moldes en lo que su sociedad le marcaba. Si se llamara Maria Font, por decir un nombre, hubiera sido igual de rompedora.
Me pregunto si Chiaki hubiera tenido alguna vez la cara de felicidad y esa sonrisa contagiosa si hubiera seguido el canon estipulado por la sociedad. Tendría que ser un orgullo tener una hija como Chiaki y no una vergüenza para una familia. Crear escuelas en un suburbio Keniata es hacer mucho más por el mundo que tener un “buen empleo”, a mi modo de ver las cosas. Espero y deseo que esto cambie, por lo menos desde este rincón lanzo esta reflexión a quién me lea.







