“¿Dónde está ese país llamado Extranjero?”
Cuando era niña siempre oía hablar a los adultos sobre personas de otros países, generalmente eran alemanes, ingleses, franceses o extranjeros. Tanto en mi ciudad natal, Barcelona, como en el pueblo de playa donde veraneaba frecuentemente veía alemanes, ingleses, franceses y extranjeros. Evidentemente, en la lógica que habitaba en mi cabeza, los extranjeros pertenecían a un país llamado Extranjero. Sí los franceses eran de Francia, los ingleses de Inglaterra y los alemanes de Alemania. Los extranjeros eran del Extranjero (lógica matemática
) y yo me preguntaba dónde estaba ese país.
El recuerdo más antiguo de mi curiosidad sobre el mundo es la anécdota sobre el país llamado Extranjero. Siempre tuve una gran memoria para todo lo referente a Geografía y me encantaba mirar el globo terráqueo o el atlas que había en casa. Sacaba dieces en los exámenes sobre las capitales del mundo en el colegio, porque me las sabía todas.
Mi primer gran sueño viajero fue visitar Canadá. Un día vi un reportaje sobre las cataratas del Niágara cuando era muy pequeña, tendría entre 8 y 10 años y deseé ir a verlas. Mi familia puede afirmar la cantidad de años que me he pasado diciendo que quería ir a Canadá. Incluso en el instituto (Colegio de Monjas en mi caso) en la asignatura de Geografía que debíamos hacer un trabajo de investigación sobre un país, yo escogí Canadá.
Con mi familia hacíamos viajes, por la península, las islas, por Francia, pero no muy lejos. Mis padres han viajado más desde que yo empecé a vivir en el extranjero (ese GRAN país
) que antes. A partir del tercer curso del bachillerato empezaron los viajes, que se intensificaron en la universidad y llegaron a su colofón a partir del erasmus (Intercambio universitario) que realicé en Finlandia. Desde entonces no he parado de descubrir mundo. Reconozco que me encanta viajar, pero me gusta más vivir en los países. Si quieres aprender sobre otras culturas has de hacer estancias más largas, para poder compartir piso, trabajo o momentos especiales con personas del país.
Una cosa que aprendí enseguida al viajar es la ventaja de nacer en un país que pertenezca a la unión europea. Ser europeo (Sentimiento que no tuve hasta que me fui a vivir a Finlandia. Antes de eso para mí Europa eran los países ricos: Alemania, Francia, Suiza, Reino Unido…) te da pasaporte para vivir en muchos países y necesitas muy pocos visados cuando viajas. He conocido a mucha gente por el mundo con problemas por los visados. Así que soy consciente del privilegio que tengo con mi pasaporte.
Yo llegué a Alemania con mi coche lleno de maletas. No tenía casa, no tenía trabajo, simplemente la ilusión de empezar una nueva vida. Fue todo fácil porque mi pasaporte dice que soy ciudadana de la unión europea, lo cual me da permiso a residir y trabajar en cualquier país que pertenezca a la unión. ¡¡Así de fácil!! A Japón llegué con un contrato de trabajo por eso no tuve problemas en tener el visado de trabajo.
Durante mis estancias en el extranjero escribía mails larguísimos a mi familia y amigos. Me aburría de explicar lo mismo una y otra vez. Por eso en Japón decidí empezar un blog. Era la manera más cómoda y fácil de que todos estuvieran enterados de mis experiencias sin tener que repetirme o aburrirlos a ellos. Y así empezó la historia de esta bitácora. Gracias a Kirai el blog se hizo más famoso y descubrí lo agradable que es tener personas que te cuentan sus historias, que te preguntan sobre las tuyas. Incluso la mayoría de las críticas, que recibo muchas porque soy una persona bastante impulsiva, me enriquecen.
El blog iba a ser para escribir sobre Japón, porque no tenía ni idea de lo que habría después. Pero la vida me sorprendió con una vuelta al mundo. Ese sueño inalcanzable para la cabecita de aquella niña que miraba el globo terráqueo, pero que se hizo realidad.
Un viaje increíble, que aún voy explicando a capítulos, donde conocí a personas tan interesantes como Eduardo Rothe, un periodista venezolano hijo de intelectuales que habían ido de exilio en exilio. Sus padres eran amigos del Che, que vivió en su casa durante un tiempo hasta que todos abandonaron Guatemala al inicio de la guerra de éste país. Durante el tiempo que Eduardo estuvo en el barco, siempre que podía me ponía a hablar con él.
En el Peace Boat viví momentos mágicos, podría describir muchos, pero me quedo con el momento en que volví a ver el puerto de Yokohama a la vuelta. Dar la vuelta al mundo saliendo de un lugar exacto y volviendo al mismo es fascinante. Cuando el barco atracó de nuevo en el puerto del Minato Mirai sentí que era verdad, que le había dado una vuelta entera al mundo, igual que lo hacía con aquel de globo de plástico que había en mi casa cuando era pequeña.
El viaje no fue en todo momento un camino de rosas. Mi primer baño y único en el Pacífico tenía una sorpresa desagradable esperando. En Guatemala una ola traicionera me tragó y perdí la orientación. La fuerza de la ola mezclada con la fuerza de la resaca del agua de la orilla me impedía salir a flote. Tragué agua y recuerdo sentir que aquello era el final, no soy consciente de cuanto tiempo duró, a mí se me hizo eterno. Ha sido el único momento en mi vida que pensé que me iba a morir. Aún no me he vuelto a bañar en el mar.
Y entre las miles de fotos me quedó con una que ya publiqué. Porque me parece un retrato como los que salen en mi revista favorita, esa que me ha dejado soñar con viajes a lugares imposibles durante muchos años. Desde que salió la versión en español, número 1 volumen 1 que tengo aún en mi estantería y data de octubre del 1997 no he parado de leerla. Ahora mi inglés me deja leerla en ese idioma y en el extranjero también me acompaña, es una buena compañera de vuelo. Evidentemente es National Geographic. Y mi foto favorita es el retrato de esta mujer vietnamita. Su expresión me evoca muchos pensamientos.

Sigo sin destino, en estos momentos estoy en Barcelona, pero sé que me esperan más cosas y a corto plazo. Sigo teniendo sueños, incluso algunos ya muy viejos que aún no he cumplido: ¡¡¡Aun no he visitado Canadá!!!
veo que tenemos en común la afición por la geografía, aunque he cambiado lo de aprender capitales por aprender estaciones del JR… si, todo un otaku de los trenes ;^^
Como mexicano se puede vivir 3 meses en la union europea sin ninguna visa que es bastante cómodo para visitar España o algunos cuantos países. Por suerte fui antes de que subiera el Euro :p
Ojalá se te haga pronto la ida a Canadá, ya vez que no está tan lejos.