Polonia ante un nuevo reto
Estos días me encuentro en Varsovia de viaje de trabajo. Es la segunda vez que visito esta ciudad, aunque hacerlo de turista es muy diferente a venir por trabajo. Lo bueno de la última opción es que tengo una habitación de hotel con vistas al Palacio de Cultura, un edificio enorme que hay en el centro de la ciudad que mandó construir Stalin para enseñar la supremacía soviética. Hoy en día es un edificio polémico, tiene admiradores que lo quieren conservar y detractores que abogan por su destrucción. La segunda cosa buena de mis viajes de trabajo es ver edificios públicos por dentro teniendo la oportunidad de compartir con el ciudadano medio de cada país, su trabajo y opiniones.
Tanto en Varsovia como hace tres semanas en Ankara, he hablado de la Unión Europea con sus habitantes, unos porque están empezando y los otros porque están esperando entrar. Lo que me sorprende al hablar con el ciudadano medio es que tanto en un país como en el otro ven la Unión europea como algo malo.
En Varsovia nos han comentado la subida de precios, la perdida de cosas auténticas del país. Incluso nos llegaron a decir que Varsovia era casi tan cara como Moscú (Que se vengan a Barcelona o Madrid para comprarse un piso). Yo no les quise desanimar, pero cuando les llegue el euro todo será aun más caro.
La sensación que me transmiten los polacos es la de desconfianza hacía el nuevo estado que va a ser Polonia. En mi opinión, los polacos han sido un pueblo que en el último siglo han sufrido mucho. Fue un país destruido en la Segunda guerra mundial, luego pasó a ser comunista bajo el “protectorado” ruso que también les hizo sufrir. En su joven democracia han pasado por gobiernos que intentan borrar los fantasmas del comunismo, lo cual hace que haya gente que tenga añoranza de aquellos tiempos pasados. Y ahora, sin tiempo de asimilar todos los cambios entran a formar parte de la Unión Europea, que para la visión polaca debe ser como el máximo exponente del capitalismo, al antiguo enemigo. En definitiva tengo la sensación, personal por supuesto, que los polacos lo que quieren es ser ellos y que les dejen tener su país sin ninguna influencia externa.
Me pregunto porque tienen una visión tan mala de la Unión Europea y la respuesta que encuentro es que han visto como a sus ciudades han llegado centros comerciales, grandes edificios de oficinas con los carteles de grandes empresas, sólo desde mi habitación veo: Orange, BOSCH, Peugeot, Mustang, Bancos extranjeros y tiendas como H&M, C&A, Zara, que para nosotros es de lo más barato, pero en Polonia no es asequible para todos los bolsillos. Todas esas marcas conviven con los antiguos quioscos donde podían pedir los productos en las épocas de la tarjeta de racionamiento que hay alrededor del edificio que construyó Stalin.
Supongo que no les gustaba sólo tener dos tipos de zapatos para escoger en el comunismo, pero ahora tienen muchos a escoger y pocos que puedan pagar. Así que ese desequilibrio debe crearles un malestar que ellos achacan a la Unión Europea, pero que en mi opinión no tiene nada que ver. Simplemente son un nuevo país democrático y capitalista donde empiezan a ver con malos ojos las partes malas que trae estos nuevos modelos políticos y sociales, unidos a la globalización. Supongo que dentro de unos años los polacos podrán hacer una buena crítica sobre qué sistema es mejor. Aunque en realidad será opinar sobre qué sistema es menos malo.






