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El blog en la empresa

Siento llevar días en silencio, pero mi tiempo ha sido limitado las últimas semanas. Parece ser que por fin tendré internet en mi casa en 10 días, así que podré postear a mi ritmo habitual.

Este fin de semana me he leído el “Manual de uso del blog de la empresa” de Alberto Ortiz de Zárate Tercero. Y publicado por Infonomia, la empresa con la que colaboré durante unos meses en año pasado.

La verdad es que me ha parecido un buen resumen para dárselo a las personas que no están familiarizadas con la web 2.0, o no entienden cuales son los beneficios de usar ésta nueva tendencia social en la empresa. Detecto que aún hay miedo a descentralizar la información y desconfianza a la opinión del que se piensa que no es experto. O que el uso de blogs es sólo para personas con gran base tecnológica.

En mi familia nadie sabía que era un blog hasta que empecé a escribir el este blog. Ahora saben de su existencia  y son usuarios habituales. Con lo cual la escusa de que el cliente no es tecnólogo, no vale.

Creer que sabes más que los otros es el segundo gran error. Porque si alguien te lee, tiene interés en ti y siempre te aportará algo. Además todos los comentarios son positivos, ya que las críticas te alertan de lo que puedes hacer mejor.

Cuando iba a la universidad siempre pensaba que el retraso con el mundo de la empresa iba a años luz. Ahora veo por primera vez que la empresa en algo va más retrasada. En este momento la empresa es conservadora con los nuevos usos de la red. La comunicación no es una conversación, como explica el manual, porque en un gran número de empresas sigue siendo unidireccional.  La ceguera en los flujos de información crea una gran pérdida del capital humano “in” y “out”. Y la poca psicología empresarial con el hecho de no hacer sentir participes a todos los empleados. Incluyendo que puedes detectar fácilmente en la organización quién aporta más ideas, quien es creativo, etc.

Roma

Llegué a Roma con mucho estrés por la carga de trabajo que tenía en el Peace Boat. El barco atracó en Citavechia a una hora en tren de Roma. Después de ayudar a varios japoneses a sacar el billete para Roma o Florencia, pude comprar mi ticket y dirigirme a la capital de Italia.

En mi ruta mediterránea visitando amigos, he de decir que en esta ciudad no tengo ni uno, pero dos amigas volaron desde Alemania para encontrarnos en Roma durante esos días. Eso es amistad!!! Así que nada más bajarme del tren me dirigí a su encuentro.

El punto de encuentro fue la plaza de San Pedro. En la foto estoy con Gabriella, que es italianíssima como dice ella. Aunque en Alemania tuvo que aguantar siempre que se creyeran que es española, porque aprendió a hablar por estar siempre rodeada del lado malo. Ya se sabe, ella aprendió español y nosotros ni una palabra de italiano…un desastre.

Y Marta, con la que aparezco en la foto en el Pantheon. Y parecemos familia por la ropa y la pose igual. Fue todo casualidad aunque las dos somos de Barcelona. Os podéis imaginar la brasa que les di explicándoles mis historias del barco y ellas aguantaron estoicamente.

De Roma podría escribir un blog entero, porque creo que cada piedra tiene una historia. Aunque básicamente nos dedicamos a patearla, que es lo mejor que se puede hacer.

En una de las visitas obligadas, la Fontana de Trevi nos encontramos a una parte de los GET.

Con Yoshi.

Karen tirando una moneda mientras pedía un deseo. Le puso el entusiasmo característico de ella… No sé si se ha cumplido su deseo. Le tendré que preguntar.

La Fontana di Trevi realmente me parece ostentosa y no me gustan las cosas que intentan aparecer lujuriosas. Pero tiene un halo de romanticismo y por eso me atrae.

Los teachers realmente no teníamos que pedir ningún deseo, porque estábamos cumpliendo un sueño. Y pedir más, es pedir demasiado.

Esperando noticias

Hace un año exactamente acabé mi vuelta al mundo. Nunca pensé que tardaría tanto en explicarla por capítulos, pero aun estoy en la mitad del viaje. En este tiempo el Peace Boat ha dado 3 vueltas completas y está en su cuarta. En el viaje actual el número 60 con una ruta de ensueño van varios amigos míos. Y seguramente bastantes pasajeros que repiten la experiencia. Para ese viaje dije que no cuando me contactaron de Tokio, no sin dolor. Cuando eres una viajera pasional, rechazar pisar la antártica no resulta fácil.

Tampoco me he arrepentido de mi decisión, no suelo hacerlo. Cuando escojo una opción no me planteo más como sería haber escogido la otra. Pero ayer recibí una noticia que me inquieto sobre el viaje 60 del Peace Boat. El viernes el barco estaba en South Africa y un autobús con pasajeros sufrió un accidente. El autobús cayó 10 metros por un acantilado. Al parecer sólo hay un pasajero con daños serios. Por ahora no tengo más noticias, he escrito a Japón para ver si me dicen algo más. La prensa japonesa no da mucha información ya que culturalmente no hablan demasiado sobre los problemas o malas experiencias. Espero tener más noticias mañana. Tampoco entiendo porqué en la web del Peace Baot pone que llegan mañana a South Africa. Os daré más noticias.

Paris

Para seguir mareando a mis lectores con mis idas y venidas, con si ahora pongo un post del Peace Boat o de donde habito en este momento, os diré que estoy en Paris. Y qué decir de esta ciudad de cafés con terrazas de mesas redondas y sillas bicolores, donde la gente se toma un buen café aún pasando frío, pero no importa, están en Paris.

Cuando camino y me envuelvo del estilo señorial de la ciudad del Sena, en mi cabeza resuena “La vie en Rose”. Me parece que estoy dentro de una historia romántica. Viniéndome a mi cabeza lo enamoradiza que soy cuando viajo. Me enamoro… de muchos lugares, pero reconozco que cuanto más viajas más difícil es que una ciudad te cautive.

Supongo que de alguna forma ella me responde porque las dos veces que he venido en los últimos tres meses me ha concedido una habitación abuhardillada sin yo pedirlo, aunque en mis suelos está algún día vivir una temporada en Paris en el último piso de un edificio estilo clásico.

Si alguna vez decido volver a irme al extranjero, no sé donde exactamente sería. Pero lo que si sé es que siempre me quedará Paris.



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