Ríete de Willy Fog
Rompo mi descanso mental para escribir este post, ya que el tema hace que mi cabeza se relaje.
Un compañero de batallas universitarias ha emprendido su sueño de dar la vuelta al mundo en un viaje que durará 365 días. Llevan algo más de un mes y actualizan su web a la que han bautizado: Ríete de Willy Fog. La web está muy bien, explican como han preparado todo y dan consejos sobre la preparación del viaje, compañías aéreas, visados, etc…
Kim fue participe de mi aventura de irme a vivir a Alemania sin trabajo, ni casa, ni nada. Sólo un coche lleno de maletas. De camino entre Barcelona y Karlsruhe (ciudad donde viví) hice parada en boxes. Pasé la noche en Grenoble, donde Kim, que estaba de erasmus, me acogió fantásticamente bien.
Cuando Kim me dijo que se iba un año entero a viajar, me alegré infinito por él. Y sentí esa envidia sana que siempre corre mis venas cuando alguien dice: ¿Por qué no?
A ver si coincidimos en algún lugar del mundo. Que parece muy grande, pero a veces es tan pequeño.
Tu vida en 6 palabras
Hoy he leido en una entrevista la pregunta: Define tu vida en 6 palabras.
Aquí mi vida:
“Creando mi álbum de fotos incesantemente”
Esperando noticias
Hace un año exactamente acabé mi vuelta al mundo. Nunca pensé que tardaría tanto en explicarla por capítulos, pero aun estoy en la mitad del viaje. En este tiempo el Peace Boat ha dado 3 vueltas completas y está en su cuarta. En el viaje actual el número 60 con una ruta de ensueño van varios amigos míos. Y seguramente bastantes pasajeros que repiten la experiencia. Para ese viaje dije que no cuando me contactaron de Tokio, no sin dolor. Cuando eres una viajera pasional, rechazar pisar la antártica no resulta fácil.
Tampoco me he arrepentido de mi decisión, no suelo hacerlo. Cuando escojo una opción no me planteo más como sería haber escogido la otra. Pero ayer recibí una noticia que me inquieto sobre el viaje 60 del Peace Boat. El viernes el barco estaba en South Africa y un autobús con pasajeros sufrió un accidente. El autobús cayó 10 metros por un acantilado. Al parecer sólo hay un pasajero con daños serios. Por ahora no tengo más noticias, he escrito a Japón para ver si me dicen algo más. La prensa japonesa no da mucha información ya que culturalmente no hablan demasiado sobre los problemas o malas experiencias. Espero tener más noticias mañana. Tampoco entiendo porqué en la web del Peace Baot pone que llegan mañana a South Africa. Os daré más noticias.
Jordania, intercambio cultural
Cuando hablé de Jordania se me pasó por alto comentar el intercambio que hubo entre japoneses y jordanos en Aqaba. De paso vuelvo a contar el viaje que llevo un mes sin explicar nada y hasta yo tengo mono.
En varios de los puertos en los que el Peace Boat atraca, se hace un intercambio cultural entre alumnos de inglés del barco y, normalmente, estudiantes de la universidad local. A esos intercambios no van todos los profesores sólo un número reducido. El caso de Aqaba fue especialmente curioso. Usualmente un encuentro entre culturas diferentes es muy interesante, aunque si una de las culturas es la japonesa existe un punto en común en los intercambios. Los japoneses son muy retraídos y el primer paso lo dan las personas de la otra cultura. En Jordania no fue así. Los profesores vieron que nadie daba el primer paso para hacer un acercamiento, ya que los jordanos también eran tímidos. Y tuvieron que convencer a los nipones para que fueran ellos los que iniciaran el acercamiento. Los coordinadores volvieron totalmente emocionados y orgullosos de los alumnos de inglés.

Lo bonito de estos encuentros es que algunos japoneses suelen vestirse con kimono y los locales con trajes típicos. Hacen intercambio de experiencias y de algún que otro regalo. Tenéis que ser consciente que algunos de los pasajeros del Peace Boat nunca han salido de Japón anteriormente y nunca han hablado con una persona extranjera.

“¿Dónde está ese país llamado Extranjero?”
Cuando era niña siempre oía hablar a los adultos sobre personas de otros países, generalmente eran alemanes, ingleses, franceses o extranjeros. Tanto en mi ciudad natal, Barcelona, como en el pueblo de playa donde veraneaba frecuentemente veía alemanes, ingleses, franceses y extranjeros. Evidentemente, en la lógica que habitaba en mi cabeza, los extranjeros pertenecían a un país llamado Extranjero. Sí los franceses eran de Francia, los ingleses de Inglaterra y los alemanes de Alemania. Los extranjeros eran del Extranjero (lógica matemática
) y yo me preguntaba dónde estaba ese país.
El recuerdo más antiguo de mi curiosidad sobre el mundo es la anécdota sobre el país llamado Extranjero. Siempre tuve una gran memoria para todo lo referente a Geografía y me encantaba mirar el globo terráqueo o el atlas que había en casa. Sacaba dieces en los exámenes sobre las capitales del mundo en el colegio, porque me las sabía todas.
Mi primer gran sueño viajero fue visitar Canadá. Un día vi un reportaje sobre las cataratas del Niágara cuando era muy pequeña, tendría entre 8 y 10 años y deseé ir a verlas. Mi familia puede afirmar la cantidad de años que me he pasado diciendo que quería ir a Canadá. Incluso en el instituto (Colegio de Monjas en mi caso) en la asignatura de Geografía que debíamos hacer un trabajo de investigación sobre un país, yo escogí Canadá.
Con mi familia hacíamos viajes, por la península, las islas, por Francia, pero no muy lejos. Mis padres han viajado más desde que yo empecé a vivir en el extranjero (ese GRAN país
) que antes. A partir del tercer curso del bachillerato empezaron los viajes, que se intensificaron en la universidad y llegaron a su colofón a partir del erasmus (Intercambio universitario) que realicé en Finlandia. Desde entonces no he parado de descubrir mundo. Reconozco que me encanta viajar, pero me gusta más vivir en los países. Si quieres aprender sobre otras culturas has de hacer estancias más largas, para poder compartir piso, trabajo o momentos especiales con personas del país.
Una cosa que aprendí enseguida al viajar es la ventaja de nacer en un país que pertenezca a la unión europea. Ser europeo (Sentimiento que no tuve hasta que me fui a vivir a Finlandia. Antes de eso para mí Europa eran los países ricos: Alemania, Francia, Suiza, Reino Unido…) te da pasaporte para vivir en muchos países y necesitas muy pocos visados cuando viajas. He conocido a mucha gente por el mundo con problemas por los visados. Así que soy consciente del privilegio que tengo con mi pasaporte.
Yo llegué a Alemania con mi coche lleno de maletas. No tenía casa, no tenía trabajo, simplemente la ilusión de empezar una nueva vida. Fue todo fácil porque mi pasaporte dice que soy ciudadana de la unión europea, lo cual me da permiso a residir y trabajar en cualquier país que pertenezca a la unión. ¡¡Así de fácil!! A Japón llegué con un contrato de trabajo por eso no tuve problemas en tener el visado de trabajo.
Durante mis estancias en el extranjero escribía mails larguísimos a mi familia y amigos. Me aburría de explicar lo mismo una y otra vez. Por eso en Japón decidí empezar un blog. Era la manera más cómoda y fácil de que todos estuvieran enterados de mis experiencias sin tener que repetirme o aburrirlos a ellos. Y así empezó la historia de esta bitácora. Gracias a Kirai el blog se hizo más famoso y descubrí lo agradable que es tener personas que te cuentan sus historias, que te preguntan sobre las tuyas. Incluso la mayoría de las críticas, que recibo muchas porque soy una persona bastante impulsiva, me enriquecen.
El blog iba a ser para escribir sobre Japón, porque no tenía ni idea de lo que habría después. Pero la vida me sorprendió con una vuelta al mundo. Ese sueño inalcanzable para la cabecita de aquella niña que miraba el globo terráqueo, pero que se hizo realidad.
Un viaje increíble, que aún voy explicando a capítulos, donde conocí a personas tan interesantes como Eduardo Rothe, un periodista venezolano hijo de intelectuales que habían ido de exilio en exilio. Sus padres eran amigos del Che, que vivió en su casa durante un tiempo hasta que todos abandonaron Guatemala al inicio de la guerra de éste país. Durante el tiempo que Eduardo estuvo en el barco, siempre que podía me ponía a hablar con él.
En el Peace Boat viví momentos mágicos, podría describir muchos, pero me quedo con el momento en que volví a ver el puerto de Yokohama a la vuelta. Dar la vuelta al mundo saliendo de un lugar exacto y volviendo al mismo es fascinante. Cuando el barco atracó de nuevo en el puerto del Minato Mirai sentí que era verdad, que le había dado una vuelta entera al mundo, igual que lo hacía con aquel de globo de plástico que había en mi casa cuando era pequeña.
El viaje no fue en todo momento un camino de rosas. Mi primer baño y único en el Pacífico tenía una sorpresa desagradable esperando. En Guatemala una ola traicionera me tragó y perdí la orientación. La fuerza de la ola mezclada con la fuerza de la resaca del agua de la orilla me impedía salir a flote. Tragué agua y recuerdo sentir que aquello era el final, no soy consciente de cuanto tiempo duró, a mí se me hizo eterno. Ha sido el único momento en mi vida que pensé que me iba a morir. Aún no me he vuelto a bañar en el mar.
Y entre las miles de fotos me quedó con una que ya publiqué. Porque me parece un retrato como los que salen en mi revista favorita, esa que me ha dejado soñar con viajes a lugares imposibles durante muchos años. Desde que salió la versión en español, número 1 volumen 1 que tengo aún en mi estantería y data de octubre del 1997 no he parado de leerla. Ahora mi inglés me deja leerla en ese idioma y en el extranjero también me acompaña, es una buena compañera de vuelo. Evidentemente es National Geographic. Y mi foto favorita es el retrato de esta mujer vietnamita. Su expresión me evoca muchos pensamientos.

Sigo sin destino, en estos momentos estoy en Barcelona, pero sé que me esperan más cosas y a corto plazo. Sigo teniendo sueños, incluso algunos ya muy viejos que aún no he cumplido: ¡¡¡Aun no he visitado Canadá!!!
Un post sin más
Llevo varios días con problemas en la base de datos del blog. Parece ser que por fin está solucionado. Durante estos días he tenido consciencia de la impotencia que se tiene al no poder publicar. Porque ni siquiera podía avisar a los lectores que tenía problemas ya que no podía publicar nada. Puede que estudie alguna alternativa para poner en el blog, como twitter, para no volver a sufrir la incomunicación.
Este era mi post del lunes, que no pude colgar, así que lo pongo hoy y sigo con la idea:
“Hoy no estoy inspirada, para que lo voy a negar, a veces los escritores de blogs nos quedamos sin temas o tenemos días en blanco. Hoy para mí, más que en blanco es “de domingo”. Así llamo yo a los días que no te apetece hacer nada, ni siquiera pensar. Aunque hoy sea lunes, en Barcelona es fiesta porque es la Mercè (patrona de la ciudad) y estoy de domingo…
Como no tengo ganas de pensar, propongo a mis lectores que me pregunten cosas o me digan temas de los que hablar y mañana o pasado mañana haré un post uniendo todos los temas que propongáis. A ver que sale!!!”
Vuelta a casa
Es una forma de decirlo, porque cuando volvía a dormir en el barco siempre volvía a casa. Esta vez teníamos incertidumbre de cómo llegaríamos a Aqaba tras nuestro intenso día en Petra. Aunque las fotos nocturnas den a entender que era muy tarde, salíamos a las 18:30h de la ciudad perdida.
A la salida miramos y no vimos a nadie, cuando de repente salen 3 hombres de un coche y uno dice “Are you looking for a car?” . Era Aref, el sobrino del conductor del autobús de la mañana que cumplió su palabra y allí estaba. Teníamos la vuelta a casa.
En el coche de vuelta a Aqaba empezamos con los recaditos. Aref iba parando en diferentes lugares de la ciudad de Petra, entregaba o recibía paquetes. En esas nos compró refrescos a todos. En el camino por la autopista que cruza el país fuimos interrogando a Aref sobre cosas del país. Cuando en un momento decide sacar el coche de la calzada y nos dice: Podéis salir a ver las estrellas. Inmediatamente pensé, esté va a ser el trayecto que no contaré en mi cada hasta que me vean sana y salva. Mi coordinador y yo nos miramos con cara de: “Madre mía este tío puede hacer de nosotros lo que quiera”. No podíamos hablar porque los otros dos ocupantes del coche sólo hablan inglés y Aref se hubiera enterado. Y vimos las estrellas, preciosas por cierto.
Seguimos nuestro recorrido a Aqaba mientras las pulsaciones de nuestros corazones se iban recuperando y Aref nos dice: Tengo que poner gasolina, pero me voy a salir de la autopista que voy a un sitio más barato.
Llegamos a un lugar donde había tres casas y media y trajeron la gasolina en botellas. Mientras Aref estaba fuera del coche nosotros flipábamos dentro. Era gasolina ilegal traída de Arabia Saudita. Phil sólo decía: “That’s brilliant!!!”. Y yo seguía pensando, esto lo explicaré cuando este de vuelta en Barcelona.
Continuamos por la autopista y yo pensaba: “¿Cual será la siguiente?”. Pero no hubo más, en Aqaba nos reencontramos con el resto de profesores que iban en otro taxi y Aref nos llevó a cenar a un sitio de lugareños que nos pusimos hasta el gorro de comida, porque Phil y yo no habíamos comido desde el pollo en el autobús. Pagamos 2$ por persona… precio jordano.
Aref resultó ser un tío genial y al día siguiente lo contratamos para ir al desierto. La única foto que tengo de aquella noche es esta que está borrosa.

Si hubiera ido en un tour organizado por Peace Boat a Petra, pensaría que es un lugar fantástico. Pero no recordaría nada del autocar del viaje de ida y vuelta. Para mí estas historias forman parte del viaje
“Usad vuestras manos para hacer algo por la paz”
En la ceremonia de despedida en el puerto de Mombassa ( Kenia), donde todos estábamos echando unas lagrimitas porque era el primer puerto donde dejábamos amigos, los miembros de la Peter Band, que nos deleitaron con su música mientras nos marchábamos. Pasó Masae, la coordinadora de invitados a bordo, a presentarnos a Israel. Me acuerdo que le dije que me disculpara por estar triste, pero que me entendería el día que tuviera que dejar el barco.
Israel es de Israel y el nombre se lo pusieron sus padres que son indios de origen judío y que dejaron Bombay (ahora Mumbai) para volver a la tierra prometida cuando se formó el estado de Israel.
Él, Israel, subió a bordo como “Guest Educator” (invitado educador) y nos acompañó desde Kenia a Jordania. Por desgracia no pudimos tener a la parte Palestina a bordo porque no consiguió el visado a tiempo.

Israel a la derecha y yo a la izquierda en la cena formal.
Al día siguiente tuvimos una cena formal a bordo y siempre sacábamos al azar las parejas para la cena. Yo tuve la suerte de que mi pareja fue Israel. Así que me pasé la velada hablando con él sobre su país. Me comentó que estaba nervioso porque al no estar la parte palestina, no quería que los japoneses se quedaran sólo con una parte.
Hablamos de las normas de Israel, de la mili de 3 años obligatoria para los chicos y de 18 meses para las chicas. Si eres insumiso has de ir a la cárcel durante ese tiempo. Después tienen un mes de servicio militar anual hasta que cumplen una edad que ahora no recuerdo. Lo hacen porque el gobierno cree que el estado ha de estar siempre preparado para ataques externos.
Recuerdo hablar con él sobre el ataque al Líbano. Decirle que aquello no tenía razón de ser y que ahora Israel atacaba en vez de protegerse como pudo hacer antiguamente. Él estaba de acuerdo con mi opinión. He de comentar que Israel es un luchador y mediador por la paz. Por eso estaba a bordo.
También le comenté que Yoshioka-san, el fundador de Peace Boat nos comentó en Tokio en el curso de orientación, que había estado en muchos lugares donde existen conflictos y que en todos, las personas de base, querían la paz. Que los seres humanos somos muy iguales, que nuestros instintos primarios son comunes y que aunque los medios de comunicación nos enseñen la parte mala de los conflictos, la buena es que la gente de esos lugares no quiere la guerra. Israel me dijo que era igual en oriente medio, que eran los gobiernos los que intentan que la gente quiera la guerra, pero que los israelitas quieren vivir en paz con los palestinos.

Israel dando una clase para la Global University.
Israel además de hacer conferencias para los pasajeros, era el profesor de la Global University a bordo (sesiones a parte que se hacían para alumnos de este programa) y al que tuve la suerte de asistir, porque las plazas son limitadas y sólo 2 o 3 profesores GET pueden ir.
Una noche a bordo viví una de las escenas que más me gustaron en los 101 días que viví dentro del barco. Paseando por cubierta llegué al bar que hay en la piscina y me encontré a Israel y Yahaya (Libio-japonés, aunque él se considera muy de Libia y muy musulmán) hablando. Les pregunté que hacían y estaban compartiendo las tradiciones de sus religiones, comidas típicas, etc… me dejaron estar allí y los dos se iban dando cuenta como estaban mucho más unidos de lo que parece desde afuera. Mientras los veía hablar y contentos de encontrar tantos puntos en común entendí que esos pequeños momentos son los que hacen grande el Peace Boat. Seguramente Israel y Yahaya tienen pocas ocasiones, por no decir ninguna de hablar con personas de la parte contraria, pero en el Peace Boat es posible.
Israel tuvo muchos buenos momentos a bordo, pero el más fuerte para todos es cuando anunció en una conferencia que después de todo lo hablado a bordo tomaba la decisión de no volver a ir a la mili, que iría a la cárcel el mes que le tocara cada año. El público aplaudió y él dijo: “Use your hands to do something for peace instead” (venía a decir que usáramos nuestras manos para hacer algo por la paz en vez de aplaudir).
Le preguntamos muchas veces sobre que podíamos hacer nosotros por la paz y él siempre contestaba. Vosotros que pertenecéis a países ricos ir allí e intentar cambiar las cosas desde vuestro lugar. Contar lo que habéis visto, lo que sabéis, intentar cambiar vuestro entorno. Si os hacen caso tendréis más fuerza para luchar.

En la foto sale con Stuart, un traductor. Éste lleva una bolsa con la paloma de la paz y un tallit (estola judía de rezo) con la bandera Palestina. Son de un congreso que hicieron jóvenes israelitas y palestinos en Alemania en el 2006.
Israel los donó para la subasta caritativa que se hizo antes de llegar a Jordania para recoger fondos para el campo de refugiados palestinos.

En su fiesta de despedida. Él no sale muy bien en esta foto…

Israel con varios profesores y con Teodora, la camarera búlgara que se hizo amiga de todos.

La fiesta fue el día antes de llegar a Jordania, pero Israel se quería despedir de todos los profesores y apareció por la tarde en la reunión que teníamos siempre de 6 a 7. Entró y nos dijo emocionado: No puedo hablar, sólo quiero abrazaros. Cuando me abrazó me dijo que ahora entendía mis palabras del primer día.
Israel dejó una gran huella a bordo, tanto en los profesores como en los pasajeros.
La historia de un pequeño pueblo II
Hace pocos días expliqué la historia de Capçanes y su vino Kosher. Si queréis oír la historia de su propia voz, podéis ver el vídeo de la ponencia de Francesc Blanch.
Karen, una persona auténtica
Antes de subir al Peace Boat, teníamos que pasar cuatro días en Tokio con el curso de orientación. Allí tuvimos el primer contacto con el resto de profesores, traductores, etc… Al no conocer a nadie empiezas a hablar con todos y te haces una imagen de cada uno.Yo me hice la imagen de una chica hippy, vegetariana y que hablaba bastante. Se llamaba Karen y fue con la que menos relación tuve durante los días de la orientación en Tokio. Pero mi sorpresa vino cuando nos dijeron nuestros compañeros de habitación y Karen era la mía. Junto a Yuko, la traductora de inglés y español. Me quedé sorprendida. Los primeros días a bordo fueron cordiales, pero nada del otro mundo. Llegamos a Vietnam y nos fuimos con tres chicas más durante todo el tiempo. Aún la relación era cordial. Pero mi paciencia aumentó cuando tuve que estar mil horas en la tienda donde te hacían la ropa a medida, porque Karen se hizo el vestuario de invierno y verano para varias temporadas. Ella había estado antes y fue preparada. A partir de ahí agradeció mi aguante y poco a poco fuimos deshaciéndonos de los prejuicios creados la una de la otra…. Ella pensó al principio que yo era muy seria y debía ser la típica ingeniera que siempre habla de ordenadores…(Nada más lejos de la realidad…)

Nuestra amistad fue creciendo durante las primeras semanas a bordo. Luego nuestra confianza fue infinita. En el Peace Boat no existen lugares donde te puedas evadir, estar sólo. En todos los sitios hay gente y eso para personas que necesitan estar solos de vez en cuando, como yo, era un poco claustrofóbico. El mayor problema es que todos los pasajeros te conocen, porque eres profesor GET. Y más si eres de español porque sólo hay dos y encima el barco para en tu ciudad, lo cual hace que los pasajeros te pregunten… Así que sólo te queda el camarote, pero lo compartes con dos personas más.
Yo tuve la gran suerte de compartirlo con Karen y Yuko. La última siempre tenía horarios diferentes a los nuestros. Y Karen siempre respetaba cuando le decía que necesitaba estar sola. También dejaba de hacer lo que estuviera haciendo si le decía: “Necesito hablar con alguien”. Igual que yo hacía con ella.

Karen en Guatemala
Karen es del País de Gales (como dice ella en su español, que habla un poquito), estudió en Edimburgo y se graduó en historia. Se especializó en la esclavitud. Hizo una ponencia a bordo sobre su especialidad y explicó la esclavitud desde sus inicios hasta el día de hoy, que como dice ella “Aún existe”.
Es una de las personas más comprometidas que he conocido. Fiel a sus pensamientos, es vegetariana desde los 11 años, no come nada que provenga de animales. Sólo hace una excepción de vez en cuando, porque le puede la tentación, con el queso. Nunca lleva nada de piel. Usa productos naturales y lava su ropa con soda en polvo, para no contaminar. Y tiene un cepillo de dientes con recambios para las cerdas, así no tienes que desperdiciar el cuerpo del cepillo cada vez que necesitas uno nuevo.

En el tranvía de San Francisco. Era el día de mi cumpleaños y nos pasamos el día juntas.
Todos los detalles de Karen los aprendí conviviendo con ella, ya que nunca le dará un sermón a nadie de lo que tiene o no tiene que hacer. Ella predica con su ejemplo en silencio.
Cuando convives con alguien en un espacio pequeño durante 101 días, conoces a esa persona muy bien. En el barco si nos cruzábamos, sólo con vernos ya sabíamos como estaba la otra. Lo gracioso es que cuando sales del barco vives situaciones cotidianas, que son lo más normal del mundo para cada uno. Y era en esas situaciones donde éramos auténticas desconocidas, porque a bordo no tienes esos momentos y nos sorprendíamos mutuamente.
La última vez que vi a Karen fue el 26 de febrero en Tokio cuando vino a despedirme a la estación de tren. Yo me iba al aeropuerto para volver a Barcelona. Cuando vives en otros países y te vas, no saber cuando o donde vas a volver a ver a alguien que te importa, te deja un gran vacío interior. Aquel día ni Karen ni yo sabíamos cual era nuestro próximo paso en la vida, no teníamos trabajo ni destino. Las casualidades de la vida hicieron que empezáramos a trabajar la misma semana. Ella ahora ha conseguido el sueño que tenía ese día y trabaja para Peace Boat como miembro de la ONG. Así puede seguir con su lucha por hacer de este mundo un lugar mejor. Eso ha permitido que yo sepa cuando voy a volver a ver a Karen. Ella va en el viaje 58 del Peace Boat de nuevo. El que paró en Yemen el día antes de los atentados y el que hace que dentro de un rato (son las 1:02) coja un vuelo a las 7:40 de la mañana, porque a las 10 de la mañana he quedado con ella en la puerta del Guggenheim de Bilbao.

A veces me siento incomprendida cuando explico que las amistades que haces en el extranjero son unas uniones diferentes a tus amigos de toda la vida. Creo que una diferencia fundamental es que lo único que tienes cuando vives fuera son tus amigos, ellos son todo. En cambio en tu vida cerca de los tuyos, la familia te resuelve la mayoría de los problemas y con los amigos de toda la vida disfrutas otro tipo de cosas.
Principalmente ves la diferencia cuando no tienes problemas para meterte en un avión para ver a un amigo un día. Las personas que han hecho eso por mí, a parte de mi familia, son los amigos que he hecho fuera. También influye que ya son personas que están dispuestas a moverse todo el tiempo.
Sé que Karen me espera mañana con la misma ilusión que tengo yo, lo último que ha escrito en su facebook es esto: ” Karen is regretting drinking the water in Egypt! But happy to see Beatriz in Spain in less than a week.”
PD: El culpable de nuestra amistad fue Phil, nuestro coordinador. Él conocía a Karen del primer viaje que hizo ella como voluntaria y pensó, por lo poco que me conocía a mí, que nos íbamos a llevar genial. Cuando nos decía que fue la primera habitación que eligió porque lo tenía clarísimo, nos reíamos. Porque nosotras al principio no lo veíamos nada claro.
La historia de un pequeño pueblo
En un evento como ReNacer escuchas muchas historias. Algunas te quedan lejos porque son grandes multinacionales y no te sientes identificados con ellos. Sabes que nunca podrás llegar donde han llegado ellos porque no partes de la misma base.
Os doy un ejemplo sencillo: Habló Miquel Torres de la saga de los vinos Torres. Evidentemente yo no soy la quinta generación de ninguna familia vinicultora que vende vinos en 140 países.
Pero en la misma sección habló Francesc Blanch, de la Cooperativa de Capçanes. Un pequeño pueblo de 400 habitantes en la comarca del Priorat en Tarragona. Éste señor con cara de buena persona es el presidente de la cooperativa vinícola de su pueblo. Como todos los pueblos tan pequeños se quedan sin gente joven porque no hay trabajo. Al Señor Blanch y sus paisanos una palabra les cambió la vida.En una feria de vinos en Paris, alguien al probar el vino de Capçanes le dijo:”Este podría ser un buen vino Kosher”.
El vino Kosher es el que beben los judíos y que el proceso de elaboración se ha de realizar por judíos. Es decir, menos la vendimia, que se ha de hacer en un día, desde que la uva está en el tractor sólo pueden estar judíos en contacto con el vino.
Francesc Blanch volvió a su pueblo y juntó a los miembros de la cooperativa planteándoles lo que le habían dicho en Paris. Así podrían salir de la crisis, pero para ello tenían que hacer una buena inversión, lo que les llevaba a hipotecar sus casas, sus terrenos, sus tractores.
Puedo imaginarme como pudo ser aquella reunión. Ochenta agricultores delante de algo que se les quedaba grande, algo desconocido y tenían que hipotecar el pueblo entero. Además tenían que tirar una cosecha cada siete años como manda la ley del Torá y estos señores son catalanes… Pues como buenos catalanes decidieron arriesgarse con algo nuevo.
El señor Blanch en un escenario central rodeado por 250 personas que trabajan en temas de innovación, consiguió cautivar al público con su emotiva historia. Nos enseñaba fotos del rabino de la comunidad judía de Barcelona llevando el tractor de uno de los miembros de la cooperativa, mientras este le daba instrucciones para que no se diera ningún golpe. Fotos de cómo se precinta la entrada a las bodegas para que ningún miembro externo a la comunidad judía pueda entrar.
Después de 12 años elaborando este vino ya han conseguido tener la calificación del mejor vino Kosher cultivado fuera de Israel. Y el último año la autoridad máxima del judaísmo visitó Capçanes y lo declaró el segundo mejor vino Kosher del mundo.
Una historia de emotiva donde las haya, la superación de un pueblo frente a lo desconocido. Contaba Francesc al final de su intervención donde estaba muy emocionado, que para él lo mejor era que ahora los jóvenes de Capçanes se sienten orgullosos de ser del pueblo.
Cuando tuve la oportunidad de saludar a Francesc Blanch, lo felicité y le dije, que esa era la historia donde todos nos podíamos ver reflejados y la que nos motivaba a seguir.
Si tuviera que llevar a una gran multinacional o a la graduación de una “importante” universidad o escuela de negocios, llevaría la Señor Blanch a explicar la historia de cómo un pueblo apostó todo lo que tenían, por algo en lo que creyeron.
Una mujer, pero no una más
Hablar de Chiaki Hayakawa es hablar de una mujer que rompió moldes en lo que su sociedad le marcaba. Si se llamara Maria Font, por decir un nombre, hubiera sido igual de rompedora.
Esta mujer japonesa fue invitada como “Guest Speaker” en el viaje 55 del Peace Boat. Un lugar familiar para ella porque es invitada cada vez que el barco para en Kenia.
Sentí una gran curiosidad por esta japonesa con cara de felicidad que explicaba con sus propias palabras como antes de hacer lo que su sociedad le marcaba: encontrar un buen trabajo, casarse y formar una familia, quiso conocer el mundo. Su inquietud le llevó a la India, donde comprobó que hay desigualdades sociales. En su época Japón disfrutaba de un capitalismo socializado 95% de la población es clase media, ahora por lo que dice este artículo las cosas están cambiando. Hayakawa tuvo la necesidad de seguir viajando y llegó a África, el continente del que se enamoró. Lleva más de 20 años viviendo en Kenya un país donde la gente con pocos recursos le ofrecía comida y cama sin preguntar más. En este país se sintió aceptada desde el primer día y decidió quedarse, rompiendo con lo que su sociedad le marcaba.

Hoy en día es freelance y destina el dinero que gana en donaciones a crear escuelas en Kibera un suburbio de Nairobi. Ella sintió una fuerte llamada por estos lugares donde la gente vive en la más absoluta miseria. Incluso su marido, keniata, se oponía al principio a que intentara trabajar allí.
En una sesión de “Questions & Answer” en inglés le preguntaban si fue aceptada siempre en Kenya y ella contestó que sí. Yo le pregunté si aceptaron su decisión en Japón. Contó que no, que su familia ni siquiera ahora entiende bien porque pudiendo tener una “vida estable” en Japón se fue a África.
“Vida estable” es una definición que siempre me ha hecho gracia, mucha gente me lo decía cuando les decía que me iba a un lugar u otro. Te cargan con frases lapidarias y moralistas: ¿Qué no quieres estar cerca de tus padres? ¿Cuándo te estabilizarás? ¿Cuándo buscarás un buen trabajo (= trabajo para toda la vida)?
Hayakawa contó que sus padres cuando les dijo que se iba a casar con un hombre de Kenya le dijeron que no volviera por su casa y que no trajera a ese salvaje a su casa, que iban a pensar los vecinos de ella. Un pasajero mayor le dijo: Como persona te entiendo y te apoyo, como padre hubiera pensado lo mismo que ellos.
Me pregunto si Chiaki hubiera tenido alguna vez la cara de felicidad y esa sonrisa contagiosa si hubiera seguido el canon estipulado por la sociedad. Tendría que ser un orgullo tener una hija como Chiaki y no una vergüenza para una familia. Crear escuelas en un suburbio Keniata es hacer mucho más por el mundo que tener un “buen empleo”, a mi modo de ver las cosas. Espero y deseo que esto cambie, por lo menos desde este rincón lanzo esta reflexión a quién me lea.
NOTA: Las fotos son gentileza de la web de Peace Boat. No tengo fotos de ella, fue cuando perdí la cámara y no hice fotos dentro del barco en un tiempo.






